Hace
unos días empezaba el nuevo curso de la justicia española. La nueva temporada
empezó con un acto precedido por el nuevo Rey de España que se estrenaba así
como jefe de estado. Al evento le acompañaron el Fiscal General del estado,
Eduardo Torres Dulce y el Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del
Poder Judicial, Carlos Lesmas, que defendió la unión en alusión al proceso
soberanista que vivimos en Catalunya. Por su parte, Torres Dulce, insistió en
la necesidad de realizar reformas legislativas para mejorar la justicia e hizo
cierto hincapié en el problema del la corrupción, tanto privada como pública,
afectando incluso a políticos y en la poca fe que los ciudadanos les tienen.
Y
no es que no entienda las declaraciones de Torres Dulce, al contrario, es
ciertamente lo que vivimos, pero tal vez la imagen de la justicia se vería
engrandecida, si a parte de por esas maderas de robles que la revisten y esa
apariencia majestuosa del Presidente del Tribunal Constitucional, Francisco
Pérez Cobos, no hubiera estado afiliado a ningún partido político, en éste caso
al partido popular, entre los años 2008 y 2011, algo que ocultó al Parlamento
antes de ser proclamado el presidente. Vamos, que la imparcialidad esta
asegurada.
El
sopor que reinó en el acto no estuvo reñido con la manifestación en la puerta
en contra de Gallardón y de su peculiar gestión de la justicia. Y es que cuando
Ana Botella se hizo con la alcaldía de Madrid siguió los pasos de Gallardón. Y
ahora son muchos los que le piden a Gallardón que siga los pasos de Botella.
Joaquim
Bosch, portavoz de jueces para la democracia, declaraba en la Cadena Ser: “Hoy
en día un corrupto tiene más instrumentos para poder burlar la ley de los que
tiene la propia administración de justicia para que la cumpla”.
Y
un buen ejemplar de los tejemanejes y burlas a la justicia es Carlos Fabra, ex
Presidente de la Diputación de Castellón. Que hace unos días se conocía la
suspensión de la entrada en prisión para valorar su petición de indulto. A la
espera que Rajoy valore el indulto de sus 4 años de prisión por sus casi 700
mil euros defraudados a Hacienda, por lo de que “Hacienda somos todos”. Esto es
lo que se conoce en términos penitenciarios “libertad condicional”. Sí hombre,
su libertad está condicionada a que Mariano Rajoy este en el gobierno. Carlos
Fabra, muy seguro de sí mismo e incluso con ciertos aires de altivez, dijo que
era lo que esperaba, porque se habían producido la misma ejecución en otros
casos similares. Lejos queda la promesa que hizo en noviembre del 2013 cuando
se conocía el fallo de la sentencia: “No contemplo ningún indulto ni lo voy a
pedir”.
Como
decía antes, la imagen de la justicia española no estaría tan demacrada si no
sucedieran casos como este, cuyo proceso dura ya 10 años y el que ha estado
lleno de irregularidades desde el inicio. Algunas de ellas favorecidas desde la
propia Generalitat Valenciana que puso trabas en la investigación, tal y como
aseguraba el gobierno central en 2008. Además, en todos estos años han
trabajado, en el caso de Fabra, 9 jueces y hasta 4 fiscales. Algunos dejaban el
caso por motivos personales y otros eran misteriosamente ascendidos o
trasladados. El último de ellos, acusó a la propia audiencia provincial de
Castellón, a sus jefes, de presiones y de perturbar su independencia.
Y
después de todo yo reflexiono. Estos días he oído y leído muchos comentarios que
decían y reprochaban que si los manifestantes de la Diada nos moviéramos igual
para otras cosas no estaríamos como estamos. Y yo me pregunto ¿dónde están
ustedes ante esta injusticia?, ¿dónde está y qué hace mientras sus políticos y
jueces quedan impunes? Menos clases de moralidad y sean consecuentes con lo que
escriben y dicen. No critiquen los actos que de los que ustedes son partícipes.
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