sábado, 8 de noviembre de 2014

¿Democracia? Hagan sus apuestas

El Tribunal Supremo echa por tierra las pretensiones de Artur Mas. El Supremo rechazó por unanimidad la suspensión de la consulta alternativa del 9N, manteniendo así la anulación. La Generalitat por su parte presentó una demanda contra el ejecutivo español por incumplir los derechos fundamentales de los catalanes.

La única vía ahora de realizar la consulta dentro de la legalidad es que tomen el relevo las asociaciones privadas. Tal y como lo ha sugerido el Conseller de justicia de Catalunya. Lo que está en el aire ahora, en el último momento de la votación, es si la Generalitat optará por ceder el testigo a las asociaciones que, por ejemplo, no podrían utilizar ni los colegios ni instituciones públicas para acoger las urnas.

En cualquier caso, los planes de Artur Mas se centran ahora en el día siguiente de la consulta. El President ha afirmado que una vez que los catalanes hayan votado en el proceso participativo enviará una carta a Mariano Rajoy para reanudar el diálogo y solicitar el referéndum inicial. Un plan que no ha entusiasmado a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que considera que Mas sólo quiere ganar tiempo antes de convocar unas elecciones anticipadas.

La crispación y el radicalismo ya se han hecho efectivos tanto de una parte como de otra. Los catalanes han intentado retirar a la magistrada catalana Encarna Roca su titulo de Honoris Causa de la Universidad de Girona por votar a favor de la suspensión de la consulta soberanista. Mediante una votación, Roca, mantendrá su titulo con 100 votos a favor y 42 en contra. En la otra parte del estado, el dramaturgo Albert Boadella, ha declarado en una entrevista que el espectáculo del 9N es indigno y muestra la estupidez de una sociedad enferma que se cree agrarios falsos y basa en ello su xenofobia hacia lo español. Es un ‘show’ pero duele, ha afirmado, e insta al gobierno a tratar a Catalunya sin piedad y no como a un loco. Justo lo contrario de lo que espero que la sociedad le trate a él.

Sin embargo en el diario La Vanguardia, en una misma edición, periodistas a favor y en contra expresaban pacíficamente sus posiciones tanto a favor como en contra de la consulta.

Y es que entiendo y respeto que haya gente que no quiera que Catalunya se independice, lo entiendo. Lo que no entiendo es que haya gente que no este a favor de votar, tanto a favor como en contra (Sí-Sí, Sí-NO, NO-NO) escudándose en que esa consulta es antidemocrática. ¿Pero no hemos quedado que votar es democracia?

Tendría las garantías que cualquier consulta las debería de tener si desde el gobierno central se hubiera llegado a un acuerdo. Pero resulta chocante que haya gente solicitando democracia cuando nos gobiernan los herederos de lo que nunca fue una democracia, el franquismo. Que nos gobierne y alabemos el trabajo de los que en su día firmaron sentencias de muerte. Como el caso de la secretaria del PP de Catalunya, Alicia Sánchez-Camacho, la cual su abogado está acusado de firmar la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich, activista catalán antifranquista sentenciado a garrote vil. Es gracioso, pero real, que nos acusen a los que queremos votar de nazis y etarras. Volver al ritual de echarle la culpa a ETA de todo lo que en España pasaba. Todo lo malo era (y es) ETA. ¿Los independentistas?, son ETA, ¿los demócratas?, son ETA, ¿el ébola?, es ETA, ¿ETA?, es ETA. Nos tratan de asesinos (como si lo otro no lo fuera), de locos, de enfermos, de escoria…Pero no hemos sido nosotros, los catalanes, los que hemos conmemorado a la división azul, esos (por llamarlos de alguna manera) que lucharon a favor de Hitler, el que sí que era nazi. No como en Francia, el país vecino, que conmemoró a quienes lucharon por la libertad.

Tal vez sería bueno que en vez de entrar en descalificaciones personales, insultos o amenazas, se pusieran a trabajar aquellos que buscan un NO a la independencia en hacer propuestas interesantes. Interesantes y democráticas. No vale el decir que si votas irás a la cárcel. No vale decir que si votas eres igual que el que pega un tiro en la nuca sin piedad. No vale inculcar el miedo. Ya no estamos en el siglo diecinueve. La iglesia, que era por aquel entonces la que apoyaba a las dictaduras inculcando el miedo a los ciudadanos, las torturas y los asesinatos no tiene el poder del que gozaba. El miedo, la mentira y la manipulación no tienen cabida en una democracia real. En una república catalana. Los catalanes no vamos a agachar la cabeza por quienes han vendido sus almas a los poderes económicos. Ni yo, ni los dos millones de personas que asistieron a la diada el 11 de septiembre, ni los millones de personas que puedan ir a votar el 9 de noviembre iremos a la cárcel. Sean demócratas y trabajen en ello. Gracias.

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