lunes, 9 de junio de 2014

A ese asesino lo quiero yo

Mencionar Catalunya en depende que circunstancias o comunidad autónoma de la nación grande y libre que a día de hoy tenemos es motivo de discordia. Y ya no digamos si de lo que hablas es de independentismo o independencia en general.

Lo más seguro que pase es que en vez de escuchar independencia o independentismo en las tertulias escuchen separatismo o separatistas. Son de esos giros lingüísticos que el castellano en su amplio vocabulario permite. Es como decir ‘segregación’ de sexos en colegios que separan a chicos de chicas en vez de ‘discriminación’ por sexos. Es mucho más bonito ir a un sitio donde ‘segregan’ que no donde ‘discriminan’.

No voy ni a ocultar ni a justificar mi gran sentimiento separatista (que a mi personalmente es un término que me gusta), pero sí que voy a aclarar conceptos. Que la mayoría queramos separarnos no implica que odiemos al resto del estado. Ni al estado ni a sus habitantes. De hecho, la mayoría de las comunidades autónomas tienen su encanto, así como los integrantes de éstas. De lo que estoy en contra completamente es de la legislación del poder legislativo. De cómo se administran las comunidades autónomas, beneficiando a unas y perjudicando a otras. No voy a entrar en si Catalunya está desprotegida o no. Pero a grandes matices diré que sí,  no sólo por lo económico, que al final y al cabo suficientes ladrones autóctonos tenemos.

Recuerdo demagogias varias y mentiras dichas por el régimen pepero. Discursos típicos de maltratadores. Lo típico, que quieres a alguien pero no dejas que se exprese por su propio bien. Te quiero, pero cuanto más atado a la pata de la cama mejor. O como Alicia Sanchez-Camacho, secretaria del PP de Catalunya, donde en un miting dijo, y cito textualmente: “Mucha gente del PP se siente en Catalunya como las victimas de ETA en el País Vasco”. Que manera tan brillante de comparar un proceso democrático con el terrorismo de ETA. Que manera de comparar a un millón y medio de personas cogidas de las manos con un grupo de asesinos que pegan tiros en la nuca. Todos metidos en el mismo saco, pero al tanto, que os queremos mucho. Te comparo con un asesino pero te quiero. Quédate aquí. Te pego pero te quiero.

Como ya he dicho en más de una ocasión, es la democracia de algunos y para algunos. Aquí se hace políticas ‘segregadas’. Beneficiar al vecino del cuarto, equipándolo de altavoces potentes, pero joder al del tercero con la música fuerte. Leyes que el Tribual Europeo de los Derechos Humanos tumba, leyes, como la del aborto, que incluso el Frente Nacional de Francia, Le Pen, encuentra hasta una medida excesiva, sin olvidarnos que ellos son de ultraderecha declarados. O democracia tipo: alcaldía de Madrid. Alcaldesa que nadie ha votado y que el partido popular ha impuesto. O democracia tipo: no tenemos ley de sucesión de Corona, vamos a hacerla corriendo, y cuando pidan que se modifiquen otras leyes decimos que no se puede o que estamos ocupados. O democracia del tipo: vamos a obviar a todas las personas, así como manifestaciones masivas a favor de una república o de una consulta e imponemos Felipe VI como el que no quiere la cosa… vamos, lo que vendría siendo una panda de borregos (votados por nosotros) que dictan por leyes de mayoría absoluta. Son de esas cosas muy comprensibles en una democracia (léase con tono irónico).

Vuelvo a las mías, no puedo negar que en un momento, cuando nos pregunten a los catalanes, me gustaría que saliese el sí, pero si saliera el no tampoco pasaría nada, porque eso significaría que sí hemos hecho buen uso de la democracia. Un uso que para eso está. Si nos venden, como lo hacen y como está así escrito, que la soberanía reside en el pueblo ¿por qué yo como habitante de ese pueblo no puedo ejercer mi derecho a voto?, ¿por qué según la constitución no lo permite?, ¿a caso no se ha burlado esa Constitución para otras cosas?

Y ahora que venga el partido rencoroso, llamado UPyD, que como he leído en su facebook: “(…) La Constitución es algo que hemos votado todos, si no gusta se rectifica(…)” (entrada abreviada por mi). Muy bien, se modifica. ¡Ah, calla! Que modificarla es casi imposible y ponéis todos los que mamáis de mamá constitución mil y un obstáculos para hacerlo.

Y sí, me siento atacado por mil razones, porque no se me deja expresar en mi idioma, porque se manipula la historia y porque se pone el catalán en peligro en las escuelas. Españolizar, como sinónimo de algo bueno. Una afirmación que me aterra, tan errónea como tendenciosa.

Entiendo que hayan cosas que sí que las hay que votar en conjunto, como el gobierno central, pero ¿qué más le da a ese ciudadano de Córdoba (por decir un lugar al azar) que yo sea o no independiente?, ¿si tan malos somos, tan terroristas y asesinos somos, por qué no dejarnos ir? Sólo pido que se me deje votar, que se me pregunte como ciudadano que participa activamente en una democracia. Y si habláis de mayoría silenciosa, en las urnas, dejaría de serlo. Podrán votar todos entre el Sí y el No. Pero votar. Que realmente el poder resida en el pueblo.

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